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                           4 de mayo de 2017

PENTECOSTÉS

Presentación sobre el Salmo.
Presentación sobre el Evangelio.
Presentación Reflexión sobre Evangelio.

Hoja Dominical

Texte alternatif

 

CANTO DE DESPEDIDA:

Levántate y anda (Vídeo y Música)

 
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Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo
DIOS HABLA
PRIMERA LECTURA

Lectura del Libro de los Hechos de los apóstoles 2,1-11

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: "¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua."

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 

Salmo 103

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor: / ¡Dios mío, qué grande eres! / Cuántas son tus obras, Señor; / la tierra está llena de tus criaturas. R.

Les retiras el aliento, y expiran / y vuelven a ser polvo; / envías tu aliento, y los creas, / y repueblas la faz de la tierra. R.

Gloria a Dios para siempre, / goce el Señor con sus obras. / Que le sea agradable mi poema, / y yo me alegraré con el Señor. R.

SEGUNDA LECTURA


Lectura de la carta del apostol San Pablo a los Romanos 8, 8-17

Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios

Hermanos: Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Así pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.

Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: "¡Abba!" (Padre).

Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

† Lectura del santo Evangelio según san Juan 20,19-23

El Espíritu Santo os lo enseñará todo

AUMENTAR IMAGENAl anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros." Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."

Palabra del Señor


 

REFLEXIÓN

 
 

“Como el Padre me ha enviado,
así también os envío yo.
Recibid el Espíritu Santo”.  Jn.  20. 19-23.

 
 

Jesús les avisa antes de la Ascensión para que no se dispersen, que aguarden unidos la promesa de enviarles su Espíritu. Y así ocurrió, según cuenta la primera lectura. En la fiesta de Pentecostés, estando todos juntos, se oyó un ruido del cielo como de un viento recio que resonó en toda la casa y los discípulos que­daron llenos de Espíritu Santo. En ese momento algo nuevo comenzaba en la vida de aquellos primeros cristianos. Los rasgos de Jesús se van haciendo presentes en sus discípulos y marcarán la vida de la pequeña comunidad cristiana. Hay un caminar hacia la identificación con Jesús. Se van haciendo personas más sencillas, más generosas, que comparten lo que tienen, que perdonan los agravios, que se desviven por los hermanos y que celebran felices el amor de Dios. Hasta sus palabras tienen un valor especial: " Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados". En la mañana de Pentecostés, Pedro sale a la calle a predicar a Jesús y sus palabras tocan el cora­zón de mucha gente que se bautiza. Ya las palabras de Pedro no eran palabras de un pobre pescador. Había algo más. Y ese algo más les acompañará siempre. En las cosas que emprenden los cristianos aparece claramente la marca de Jesús. Aquellos cristianos, inundados por el Espíritu de Dios, exteriorizan en sus vidas el talante y los modos de actuar de Jesús como si Jesús mismo hubiera poseído sus almas. Y por eso predican como Jesús, cuidan de los pobres como Jesús, atienden a los enfer­mos como Jesús, forman comunidades fraternales como Jesús y llevan en el alma los mismos empeños, la misma confianza, la misma bondad de corazón. Pero todo esto no son sólo experiencias que ocurrieron en un momento privilegiado de la historia. Aún ahora el Espíritu de Dios inunda a sus cristia­nos. Aún nos podemos encontrar con personas sencillas, cariñosas, capaces de desvivirse por los necesitados. Como Jesús, son personas con las que da gusto estar, que derraman cariño, que irradian paz y confianza como si llevaran la marca o señal de Jesús en su alma. Hay cristianos así en los que el Espíritu de Dios aflora en cada uno de sus gestos y nos traen a la memoria los rasgos de Jesús. Pues esto es lo que celebramos en nuestra fiesta de Pentecostés: que aquel Espíritu de Dios que descendió sobre la primitiva comunidad cristiana produciendo cosas maravillosas es el mismo Espíritu que desciende ahora sobre nosotros produciendo también cosas muy hermosas. Jesús no nos dejó huérfanos o abandonados a nuestras propias fuerzas. Recibimos "fuerza de lo alto" que nos hace testigos del Señor y transforma nuestra vida con los rasgos de Jesús.

 
 
Emiliano Calle Moreno.
 

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