AUMENTAR

               25 de junio de 2017

XII DOMINGO DE T. ORDINARIO

Presentación sobre el Salmo.
Presentación sobre el Evangelio.
Presentación Reflexión sobre Evangelio.
Hoja Dominical

Texte alternatif

 
 
   
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo
DIOS HABLA
PRIMERA LECTURA

Lectura del   libro del Éxodo 12,1-8.11-14

Libró la vida del pobre de manos de los impíos

Dijo Jeremías: "Oía el cuchicheo de la gente: "Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo." Mis amigos acechaban mi traspié: "a ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él." Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará.

Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos."

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 

Salmo 68

Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Por ti he aguantado afrentas, / la vergüenza cubrió mi rostro. / Soy un extraño para mis hermanos, / un extranjero para los hijos de mi madre; / porque me devora el celo de tu templo, / y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R.

Pero mi oración se dirige a ti, / Dios mío, el día de tu favor; / que me escuche tu gran bondad, / que tu fidelidad me ayude. / Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; / por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R.

Miradlo, los humildes, y alegraos, / buscad al Señor, y vivirá vuestro corazón. / Que el Señor escucha a sus pobres, / no desprecia a sus cautivos. / Alábenlo el cielo y la tierra, / las aguas y cuanto bulle en ellas. R.

SEGUNDA LECTURA


Lectura de la carta del Apostol San Pablo a los Romanos 5,12-15

No hay proporción entre el delito y el don

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Pero, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10,26-33

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo

AUMENTAREn aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: "No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo."

Palabra del Señor


 

REFLEXIÓN

 
 

 “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo”. Mt. 10. 26-33.

 
 

Con frecuencia recordamos en nuestras celebraciones que el Señor anda metido en nuestra historia, que va con nosotros. Pero no va con nosotros para quitarnos los trabajos o los problemas. Nuestra vida no será de color de rosa. Lo que tengamos que sufrir, habrá que sufrirlo y lo que tengamos que hacer, habrá que hacerlo porque nuestro Dios no va con nosotros resolviéndonos la vida. A veces, con nuestras reflexiones rutinarias, damos la idea de que con el Señor todo lo tenemos resuelto y todo será alegría y felicidad. Sabemos por propia experiencia que esto es falso y para comprobarlo bastaría que meditáramos en la primera lectura los sufrimientos de Jeremías o los sufrimientos de Jesús en el evangelio. Las dificultades, los problemas y hasta las persecuciones nos acompañarán siempre. Con frecuencia nuestra oración será un puro grito de dolor o de auxilio: "Que me escuche tu gran bondad, Señor".
Cuando se escribió el evangelio que leemos en este domin­go eran tiempos duros. Parece que había cristianos en aquella comunidad que vivían asustados, sin atreverse a dar testimonio de Jesús. El miedo les convertía en cristianos a escondidas.  ¿Se jugaban el destierro?. ¿Se jugaban la reputación?. ¿Se jugaban la vida?. Ahora nosotros no sabemos bien cuales eran los riesgos que corrían, pero ellos se veían abocados a ocultar su cristianismo, a disimular y a callar su fe. Entonces, el autor del evangelio, como buen catequista de su comunidad, les recuerda las palabras de Jesús: "No tengáis miedo", repite por tres veces. Un cristiano no puede ser una persona encogida y asustada porque no está en las manos de los poderosos del mundo sino en las manos de Dios que  son buenas manos. Jesús tiene un empeño claro: quiere infundirnos confianza en nuestro Padre Dios. Nosotros desde nuestra experiencia personal sabemos que también pasamos por crisis de confianza. En los momentos malos pensamos: ¿Y si a Dios se le olvida que estoy aquí?. ¿Y si me deja tirado?. ¿Cuidará de mi el Señor o me dejará sufrir más de lo soportable?. ¿Cuándo aparecerá a rescatarme de la prueba?. ¿Se enterará de verdad de lo que estoy sufriendo?. Jesús responde diciéndonos que nada se escapa a la mirada cariñosa de Dios, ni siquiera la suerte de dos gorriones que en el mercado se venden por poco dinero. No tenemos un Padre distraído y olvidadizo que no se entera de la suerte de sus hijos. Nuestro Dios no nos olvida, no nos abandona, no nos deja tirados. Somos muy importantes porque somos sus hijos. Y como una madre recorre con su mirada solícita el cuerpo de su niño por si descubre alguna deformación o algún bulto o alguna herida, nuestro Dios tiene contados hasta los cabellos de nuestra cabeza. Nada escapa a su mirada cariñosa de Padre.
Con este mensaje sencillo y hermoso, Jesús quiere infundir en nosotros confianza para cuando lleguen los malos momentos. No estamos abandonados a nuestra suerte sino que estamos en las manos paternales de Dios. No somos para Dios gentes extrañas o delincuentes sino hijos. Es verdad que no sabemos lo que el Señor nos tiene reservado para esta vida, pero lo que sea, viene preparado por el cariño de nuestro Dios que nos ama entrañablemente. Y no nos dará una vida de color de rosa. Seguramente que pasaremos por momentos duros y difíciles, pero saldremos adelante con su ayuda y su cariño. Esto nos da confianza y nos ensancha el corazón. Ese cuidado cariñoso de Dios es también algo que celebramos agradecidos en cada Eucaristía.

 
 
Emiliano Calle Moreno.
 

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